Una pose puede construirse, el alma... NO.
Cuando comienzo una sesión no busco reproducir una colección de poses que ya conozco. Puedo orientar un cuerpo, sugerir un movimiento o modificar una posición, pero la fotografía que realmente me interesa suele aparecer después. Aparece cuando la persona deja de pensar durante un instante en la cámara. En una mirada que cambia, en un gesto inesperado, en una postura que surge de manera natural o incluso en ese pequeño momento de incertidumbre entre una fotografía y la siguiente. Dirigir para mí no significa controlar cada movimiento. Significa crear el espacio necesario para observar y reconocer cuándo aparece algo auténtico. Porque puedo dirigir una pose, pero lo que realmente quiero fotografiar es a la persona.

No creo en la pose perfecta
En la fotografía comercial, la pose suele construirse para conseguir una imagen concreta. Cada gesto, cada posición del cuerpo y cada expresión responden a una intención previamente definida. Es una forma de trabajar perfectamente válida, pero no es la manera en la que entiendo la fotografía en GlowMor Studio.
Cuando tengo a una mujer delante de mi cámara, no quiero convertirla en una pose que ya conozco. Prefiero observar cómo se mueve, cómo mira y cómo responde a la luz y al espacio. Puedo dirigirla o sugerirle pequeños movimientos, pero siempre intentando que siga siendo ella. Me interesa precisamente aquello que hace que cada persona sea distinta: un gesto inesperado, una mirada, una forma natural de colocar las manos o incluso ese instante que sucede entre una pose y otra.
Muchas veces es ahí, cuando dejamos de intentar construir la fotografía, es cuando aparece la imagen que estaba buscando. No quiero adaptar a la persona a una fotografía que ya tengo en mi cabeza. Prefiero encontrar la fotografía que pertenece a la persona que tengo delante.