El Museu Tàpies resuelve una “deuda histórica” con el artista leridano Àngel Jové exponiendo casi 1.500 de sus obras de pintura, fotografía y escultura, muchas de ellas en serie y la mitad inéditas, que dan una dimensión fiel del trabajo de este artista multidisciplinar que, a pesar de ser coetáneo y colega de Antoni Llena, Silvia Gubern o Jordi Galí, ha tenido menos foco. Su versatilidad le llevó a trabajar en diferentes ámbitos: fue pionero del arte conceptual, actor de culto de Bigas Luna, creador del interiorismo de la sala Zeleste, hizo trabajos de diseño gráfico y portadas para la editorial Anagrama e incluso fue uno de los autores de la primera obra de videoarte española, Primera mort (1969-1970), junto a sus colegas antes citados. Àngel Jové. De intactu se podrá ver hasta el 27 de septiembre.La retrospectiva de Àngel Jové le muestra como un artista enigmático, que transitó por el informalismo, el arte pop, el arte povera y el conceptualismo. La comisaria ha sido Maria Josep Balsach, historiadora e investigadora, gran conocedora de su cosmogonía a nivel intelectual y artístico, pero también desde la intimidad que compartieron durante años como pareja. “Estaba fascinado por la imagen”, ha subrayado en la presentación sobre el artista, de quién también ha destacado que “el dolor está presente en sus obras” y que “utiliza la repetición como una forma de investigación”.

Àngel Jové (Lleida, 1940- Girona, 2023) tuvo una trayectoria peculiar y marcada por muchos estímulos artísticos y una forma de ser introspectiva, que empatizaba con el dolor del mundo. Empezó estudiando arquitectura, pero pronto se encaminó hacia el arte con una “visión traumática”, según Balsach. Le pesaban, y mucho, sus vivencias de infancia y juventud en la posguerra de Lleida, una de las zonas más destrozadas por la Guerra Civil. Por eso, “la memoria y las historias de la calle” están muy presentes en su obra, que se detiene en los más vulnerables, en las personas marcadas por la fragilidad, la pobreza y el dolor.
